Rara la noche que se fue. Un programa de rara estructura que partió con los animadores tratando de recuperar terreno y dio pasó a dos actuaciones de esas que el monstruo saborea. La Noche en el escenario con una camionada de éxitos y Leo Rey intentando marcar terreno como diciendo “nosotros también somos grandes en la música tropical”. El triunfo de Américo no dejó indiferente a los chicos de Catemu y se notó.
Una actuación con raros matices, lágrimas forzadas, petición de premios y una pugna subterránea entre el animador y el líder del grupo. Uno por mantenerse en el escenario y el otro para expulsarlo. Un gallito que en su momento cada uno ganó pero que dejó finalmente a los de Leo Rey sin la segunda gaviota que tanto buscaron. Fue necesario un recurso audiovisual para acallar al público que quería más “Noche” pero que con la imagen de Arjona llegando a la quinta se olvidaron de todo. La pausa trajo al escenario a Arjona y se desata el delirio. El karaoke de la Quinta Vergara se hace interminable y todo lo característico de un show “arjoniano”, metáforas en escabeche, largas presentaciones de canciones y dramatizaciones al borde del ridículo. Inexplicablemente el tipo la rompe y como sea termina siempre por echarse al público al bolsillo y se lleva todos los reconocimientos.
Entre medio un tirón de oreja para los animadores que ni siquiera se estudian las biografías o noticias recientes de los artistas. ¡Felipe, el último disco de Arjona se llama 5to piso, no “Segundo Piso”!.
En fin, hasta ahí una noche de festival prendida, más allá de los gustos personales el ánimo estaba arriba, pero con el adios del guatemalteco dejó relegado a un plano secundario a todo lo que vino. La final de la competencia folclórica y el cuadro musical previo pasaron mientras la gente abandonaba haciendo el trencito la quinta. (En todo caso, les dije que Argentina tenía un temón y que su autor era un personaje).
Pero faltaba lo peor. La estructura del programa condenó a Fanny Lu al más rotundo de los desprecios, algo que seguramente la organización sabía, pero lo dejaron fluir y la chica, de edad incierta, duró menos que vestido de Onetto y actuó frente a un recinto mitad vacío. Un orden distinto quizás pudo evitarle el bochorno a su pequeño repertorio. Todo lo que sucediera después daba lo mismo en una noche irregular, donde los puntos altos y bajos fueron ordenados sin ningún criterio y que confirma que este festival se hace por inercia. Señores: no queda nada y mañana, de no suceder algo muy extraordinario, todo puede seguir igual.
